06. La Inactividad
Recuperemos el "no hacer nada" problematizando la lógica productivista como única opción.
La inactividad tiene su lógica propia, su propio lenguaje, su propia temporalidad, su propia arquitectura, su propio esplendor, incluso su propia magia. No es una forma de debilidad, ni una falta, sino una forma de intensidad que, sin embargo, no es percibida ni reconocida en nuestra sociedad de la actividad y el rendimiento. No estamos accediendo ni a los dominios de la inactividad ni a sus riquezas. La inactividad es una forma de esplendor de la existencia humana.— Byung-Chul Han
¿Es acaso la inactividad una opción en nuestras vidas? Me atrevo a adivinar que poco y nada para aquellos que, como yo, aprendimos que la inactividad o "no hacer nada" eran sinónimos de vagancia, pereza, incompetencia, flaqueza y tantas otros calificativos que hemos aprendido a partir de la lógica de producción capitalista: cada minuto de nuestra vida debería estar dedicado a generar capital, directa o indirectamente, servir para algo o que produzca algún bien.
Observemos también como a partir de este paradigma, en el que toda actividad está completamente absorbida por el rendimiento y la eficiencia, nos relacionamos con el tiempo: no estar haciendo algo [productivo] es una "pérdida de tiempo", un "mal uso del tiempo", o estamos "desperdiciando el tiempo" y como nadie quiere perder su tiempo, ya que es el bien irremplazable en nuestra vida, buscaremos aprovechar cada milésima de segundo para volver a alinearnos con esta lógica productivista.
Incluso en nuestras conversaciones cotidianas, nuestro tiempo ya ha sido cooptado por esta perspectiva de trabajo y capital: si no estamos trabajando —lo que sería similar a estar produciendo— estamos en nuestro "tiempo libre" a aquel tiempo fuera del curro o laburo, libre de producción, que a su vez ese tiempo "es útil para el descanso del trabajo"1 lo cual lo convierte en un tiempo que gira y se construye, como única opción válida, alrededor de la misma lógica del trabajo.
¿Cómo nos llevamos con nuestro "tiempo libre"? Quizás seamos de esas personas que intentamos, casi impulsivamente y en automático, llenar ese hueco, espacio o impasse con alguna actividad, como movidos por un vacío existencial imperante, nada fácil de asimilar ni abrazar. Nos pesa la culpa por estar perdiendo aquella oportunidad de producción, desperdiciando quizás esos minutos en los que otra persona seguramente está avanzando más casilleros que nosotros en el juego de la vida2.
Impulsivamente buscamos en nuestros móviles algo que nos entretenga, que nos permita salir del tedio, del bucle de pensamientos alrededor de lo que podríamos —o deberíamos— estar haciendo en vez de estar mirando al techo. Entramos en un estado de total vulnerabilidad y a la merced de cualquier red social o plataforma digital, la cual venimos entrenando para que nos conozca muy bien y sepa cuál es el momento del día más asertivo para enviarnos ese recordatorio o notificación que nos aliviará y sacará de aquellos sentimientos displacenteros. "Tu ⌛ = Su 🤑".
Como vimos en el episodio 01. Red Neuronal por Defecto, inmediatamente después de terminar cualquier actividad o trabajo, nuestras mente hace una revisión de nuestro mundo relacional: sobre nosotros mismos, sobre otras personas, y sobre las relaciones con esas personas; lo cual, junto al vacío que nos puede generar el "no hacer nada" se convierten en el combo perfecto para que nos dispongamos a regalar nuestra atención al mejor postor.
El aburrimiento o tedio brota como respuesta a la obligación de actuar, de producir y de rendir cuentas, "el tedio es la cima del relajamiento espiritual"3 y una extraña sensación en un mundo abarrotado de estímulos y sobreinformación.
Lo único que cuenta es el efecto a corto plazo, el éxito veloz. Las acciones se acortan y se convierten en reacciones. Las experiencias se rebajan a vivencias. Los sentimientos se empobrecen en la forma de emociones o afectos. No tenemos acceso a la realidad, que solo se revela a una atención contemplativa.— Byung-Chul Han
Muy en resonancia con los episodios 03. Economía de la Atención y 05. Adios a las Redes Sociales, podemos decir que, en estos tiempos en los que se fomentan la inmediatez, los cortos plazos, la velocidad de uso y consumo, la intolerancia a la espera, y la satisfacción inmediata a un clic de distancia, la inactividad se ha convertido en una rareza esencial, y hasta posicionamiento político, que puede ayudarnos a balancear esta dinámica en la que vivimos inmersos.
¿Qué (nos) sucede cuando no hacemos nada de nada? Aunque siempre estamos haciendo algo —respirar, pensar, descansar, etc.— la intención de la pregunta es la de invitarnos a salir, al menos por un instante, de la idea de la producción continua y constante —también alineada con la lógica mecanicista en la que somos interpretados como engranajes y parte de una gran maquinaria— para volver a conectar con nosotros mismos en el aquí y ahora.
Claro que no pretendo con estas líneas proponer la inactividad como única opción, ni ponerme en contra del trabajo o cualquier actividad que hoy nos facilite la supervivencia y, por qué no, algo superador relacionado a nuestra calidad de vida; sino más bien pretendo problematizar e intentar encontrar otras alternativas a la, al parecer, única posibilidad productivista con la que fuimos educados.
Según Byung Chul4, la formula fundamental de la felicidad incluye a la inactividad a partir del "hacemos, pero para nada"5 ya que sólo ahí podemos encontrar aquellas acciones libres de una finalidad o una utilidad determinada.
¿Cuántas actividades de nuestro día las hacemos "para nada"? Salir a caminar sin preocuparnos por "llegar a un lugar", tener conversaciones con amistades y seres queridos en las que el tiempo vuela solo "porque sí", leer un libro que nos fascina, hacer el amor disfrutando de esa conexión emocional con nuestra pareja, tomar un mate/café/té/zumo/agua disfrutando cada sorbo, bailar, cantar, abrazar, disfrutar de una buena serie o película; todo esto y más inactividades que podemos liberar del "para algo" y permitirnos hacer sin culpa.
Pero cuidado que la obligación de producir se ha calado profundo, bastante profundo en muchos casos, que intentará impulsarnos a completar cualquier inactividad en una actividad con un "para algo": salgo a caminar [y aprovecho para hacer las compras], tomo un mate [mientras escucho un podcast sobre emprendedurismo], leo un libro [con el que aprenda algo útil para el futuro], miro una película [mientras reviso emails y respondo mensajes atrasados], y tantos ejemplos más como se nos vengan a la mente.
Si se nos pierde la inactividad en cuanto capacidad, nos pareceremos a una máquina que solo tiene que funcionar. La verdadera vida comienza en el momento en que termina la preocupación por la supervivencia, la urgencia de la pura vida. El fin último de los esfuerzos humanos es la inactividad.— Byung-Chul Han
A estas alturas, seguramente tengamos bien aprendida e incorporada la pregunta "¿Para qué?" al momento de tomar alguna decisión en nuestra vida ya que nos permitirá indagar aquellas motivaciones y deseos profundos que nos mueven en alguna dirección.
Desde la actividad menos relevante hasta la más significativa, la invitación a partir de ahora será la de incorporar —y recuperar— a la inactividad como una alternativa tan válida como las demás.
Simplemente eliminando el “Para algo” de la respuesta y abrazando el “Para nada” con orgullo y en paz.
Te recomiendo seguir leyendo por aquí
Han, B. (2023). Vida contemplativa: elogio de la inactividad. Taurus, p. 4.
El Juego de la Vida es un juego de mesa clásico creado por Milton Bradley en 1860, que simula el recorrido de la vida de una persona desde la juventud hasta la jubilación. Los jugadores toman decisiones sobre su educación, carrera, familia y finanzas mientras avanzan a través del tablero.— Perplexity(.)ai
(Han, 2023, p. 12).
Byung-Chul Han es un destacado filósofo y ensayista nacido en Seúl, Corea del Sur, en 1959. Han es autor de más de treinta libros, escritos en alemán, que abordan temas como la crítica al neoliberalismo, la sociedad del cansancio y la transparencia.— Perplexity(.)ai
(Han, 2023, p. 8).
Que interesante ese juego de la vida, no lo conocía, perfecto para momentos de inactividad. 🤓